Hace unos meses, decidimos retomar un tema que nos había quedado pendiente desde octubre de 2007, cuando un lector nos hizo llegar un mail preguntando sobre el paradero de la escultura de Baldomero, realizada por el artista plástico Tinga Deolas, que estaba emplazada en las cercanías del edificio de la Prefectura Naval Argentina de Formosa.
Nos hicimos eco del reclamo y publicamos el interrogante y la fotografía enviada en nuestra página web y en el metroflog que utilizamos para difundir pasajes de la historia formoseña.
A partir de ahí, empezamos a recibir distintos comentarios sobre el tema, y aunque ninguno pudo acercar datos precisos sobre el paradero de la escultura, pudimos detectar que no solamente faltaba la obra Baldomero, sino que además otras muchas esculturas emplazadas en distintos puntos de la ciudad, habían desaparecido sin justificación aparente o estaban en muy mal estado de conservación.
Así, encontramos en una vieja foto, tomada en la década del 70, del frente de la estación terminal de trenes de Formosa, que aparecía una escultura de El Quijote, ubicada precisamente en la plazoleta frente al edificio de la Municipalidad sobre la calle San Martín, que hoy ya no está, y un nuevo llamado nos alertó sobre otra desaparición artística al preguntarnos sobre el destino de la escultura de las manos entrelazadas que estaba frente al edificio de la Caja de Previsión Social, sobre la Avenida 25 de Mayo entre San Martín y Belgrano.
A esta altura los interrogantes eran demasiados y por eso decidimos recurrir a nuestra natural fuente de consulta, el Archivo Histórico Provincial, en busca de alguna documentación que pudiera orientarnos en la tarea de determinar qué tipo de esculturas y obras de arte se habían emplazado en la ciudad de Formosa, dónde estaban y cuántas quedaban.
Allí encontramos un interesante y completo trabajo sobre el tema titulado “Obras Escultóricas de Formosa” realizado por Antonio Sekielyk en la década del 90, donde se enumeran las distintas obras de arte formoseñas, con detalle de autor, tipo de obra, ubicación y estado de conservación a la fecha de realizarse el estudio.
Tomamos entonces esta información como base para realizar un relevamiento actual de estas esculturas y verificar el estado en que se encontraban en nuestros días comprobando que, muchas de ellas, ya estaban destruidas o desaparecidas incluso en el momento en que se realizó el trabajo de referencia.
La mayoría de las esculturas y placas recordatorias ubicadas en las distintas plazoletas de nuestra ciudad, fueron donadas por diferentes provincias, instituciones y empresas en el año 1979 con motivo de celebrarse el Centenario de la fundación de Formosa, otras ya estaban desde años anteriores y las demás se emplazaron pocos años después.
En cuanto a los artistas, podemos decir que las obras pertenecían algunas y pertenecen otras a escultores formoseños, chaqueños, cordobeses, misioneros, santafesinos y bonaerenses.
El detalle de estas obras, publicado por Sekielyk, es el que reproducimos en nuestra página central aclarando que el trabajo original es mucho más rico en datos históricos, particularidades de sus respectivas inauguraciones y referencias sobre los artistas, y al que le hemos agregado nuestro relevamiento actual incluyendo algunas obras que se efectuaron con posterioridad.
Hasta aquí analizamos la historia de las esculturas y placas recordatorias que deberían estar emplazadas en nuestra ciudad pero, lo lamentable, es que no todas se encuentran en su lugar y que muchas de las que todavía quedan, están en un lamentable estado de conservación, esperando ser restauradas e incluso, algunas, definitivamente removidas.
Es cierto que eventualmente se realizan tareas de mantenimiento en algunas obras pero casi exclusivamente en las esculturas que tienen una relevancia política especial, como la estatua de Juan Domingo Perón, el busto de Eva Duarte de Perón o la estatua de Hipólito Irigoyen, aunque en este último caso se recuerda el triste y lamentable mantenimiento realizado al pintar la estatua de bronce con esmalte sintético dorado.
De las obras mencionadas (particularmente las ubicadas sobre las plazoletas de la Av. 9 de Julio) varias fueron totalmente destruidas encontrándose todavía en determinados casos los restos de las mismas, algunas simplemente desaparecieron y otras están rotas parcialmente presentando además afiches políticos pegados y grafitis de todo tipo realizados con pintura en aerosol o correctores líquidos.
Muchas esculturas fueron cambiadas caprichosamente de lugar y de posición según la preferencia de las autoridades de turno y en los distintos pasajes fueron perdiendo su esencia, algunos basamentos no tienen nada que ver con la obra en sí, de noche casi ninguna queda iluminada, se utilizaron para su restauración eventual materiales inapropiados y personal inexperto y se las pintó con esmalte sintético o látex (incluyendo las placas e inscripciones grabadas en cada una).
Muchísimas placas de bronce identificatorias o conmemorativas, fueron robadas incluso las ubicadas en lugares de muy difícil acceso como varias de la estatua del general San Martín que estaban a una altura considerable, en una plaza iluminada y donde supuestamente hay presencia policial permanente.
Con respecto a los murales emplazados en distintos lugares de la ciudad, el tema no es tan grave, se han mantenido en buenas condiciones pese a que algunos debieron soportar pegatinas de afiches políticos (U.Na. F.) o ser desarmados y armados nuevamente para admitir una remodelación del frente del edificio donde estaba instalado (Homenaje al Hombre de Campo, Instituto Provincial de Tierras).
La excepción la da el mural que estaba (o está) pintado sobre la pared lateral del Cementerio Virgen del Carmen, el que se realizó evidentemente sin la preparación necesaria de la pared soporte y que pese a haber recibido un par de restauraciones superficiales sin buenos resultados, finalmente fue olvidado quedando incluso a medio terminar los soportes para la instalación eléctrica.
De cualquier forma, estos consecutivos actos de barbarie transformados en un verdadero arte de destrucción, al parecer no encuentran censura en el pueblo formoseño y tampoco respuesta rápida de las autoridades, que no sólo permiten que estas obras de arte continúen en tal estado de demérito sino que además tampoco imponen custodias ni políticas apropiadas para preservarlas del saqueo y la destrucción.
Lo lamentable, es que en la mayoría de los casos el problema es irreversible, ya no se pueden recuperar las esculturas perdidas y las que están rotas deben afrontar un proceso de restauración que debería estar a cargo del artista que las creó (si fuera posible) o de restauradores formoseños entendidos en el tema que cuenten con las fotos originales para saber cómo eran en realidad aunque, así y todo, sin un verdadero sentimiento de pertenencia popular gestado a través de una profunda campaña de concientización, los destrozos seguramente volverían a ocurrir.
Por último, queda el eterno interrogante, que por momentos se transforma en mito urbano, sobre el paradero de las esculturas que desaparecieron repentinamente como El Quijote, Baldomero, la Cabeza de Cristo, Mapulaufquen Tierra de los Lagos, Neptuno, Dad y Os Dará y la antigua estatua de Juan Domingo Perón, ya que algunos dicen que se fueron rompiendo por el paso del tiempo y el mal trato de la gente pero otros en cambio, afirman que se encuentran en los jardines de ciertas casas formoseñas o incluso que fueron vendidas a particulares de otras provincias.
Dice Graciela Haksten (nieta del escultor jujeño Ernesto Soto Avendaño autor del imponente monumento a los Héroes de la Independencia en Humahuaca) que las obras de arte son como las hijas de los artistas que las realizan y que por lo tanto, la destrucción de una de ellas reviste el carácter de un verdadero asesinato.
Si así fuera, en nuestra ciudad y desde hace treinta años se vienen produciendo impunes asesinatos de varios hijos de escultores locales y de otras provincias.
La creación, el amor y la energía puestas por los artistas en cada una de estas obras se perdieron definitivamente, ante la falta de escrúpulos de algunos inadaptados, dejando además en evidencia la falta de cuidado y preocupación por parte de aquellos a los cuales se les ha confiado un legado artístico de tanto valor.
Desde Guía Amarilla de Formosa nos preguntamos entonces, cuál es realmente el espacio que ocupa el arte en el proyecto político formoseño, pretendiendo desde nuestras páginas contribuir en la difusión de lo sucedido y aportar un grano de arena a la tarea de la toma de conciencia ciudadana y estatal para evitar que esto siga pasando, teniendo la esperanza de que en algún momento las autoridades se den cuenta que, sobre este tema, cada vez son más las campanas que repican intentando llamar su atención.
Preservar nuestro Patrimonio Histórico Cultural es una tarea prioritaria que debemos encarar entre todos: concientizar, difundir, salvar, restaurar y resguardar nuestros edificios históricos, documentación, esculturas, testimonios de protagonistas, obras de arte y entornos naturales nos garantizará que ellos le sigan contando a las futuras generaciones sobre la historia de nuestra provincia y de nuestra gente.
La ciudad de Formosa crece y sin la aplicación de políticas claras sobre preservación es probable que se sigan perdiendo bienes históricos y culturales para dar lugar a nuevas construcciones y proyectos.
Tratemos de evitar que lo que no pudo lograr el paso del tiempo, lo consiga el tal ansiado “progreso”.
Queremos agradecer especialmente a Antonio Sekielyk autor del trabajo “Obras Escultóricas de Formosa” con quien recorrimos una a una las distintas esculturas de nuestra ciudad registrando detalles y anécdotas sobre las características de cada una de ellas.
En la página central de esta edición presentamos el listado completo de las esculturas, monumentos y murales emplazados en la ciudad de Formosa.