Cabeza
Buenas Noches -  


BAIROLETTO - El bandido romántico


Juan Bautista Bairoletto nació en Santa Fe el 11 de Noviembre de 1894, radicándose con su familia en la provincia de La Pampa. Era "bueno para los pobres" y "malo para los ricos" y su muerte violenta trajo aparejado el culto que se manifiesta especialmente los días 2 y 11 de noviembre de cada año, en que sus devotos encienden velas en el mausoleo que construyeron, por colecta popular, en el cementerio de General Alvear (Mendoza) y le piden desde trabajo y salud hasta la solución de problemas sentimentales. Desde adolescente tuvo problemas con la justicia por lo que su juventud la pasó en la cárcel a raíz de un asesinato, saliendo en libertad recién en 1921.
Ya en la década del ’30, Bairoletto se convirtió en una obsesión para la policía de La Pampa, Río Negro y Mendoza, los lugares donde desarrollaba sus robos (acompañados de algunas muertes) y sus repartos de dinero entre los más necesitados quienes se encargaban de ocultarlo, alimentarlo y protegerlo de sus enemigos uniformados. Parecía un fantasma que la policía perseguía sin resultados.
Vale agregar que Bairoletto ejercía un raro magnetismo entre quienes lo trataron. Era simpático y entrador. Cultivó la amistad con gente muy pobre y entraba en sus ranchos o viviendas humildes como si fueran su propia casa, siendo recibido con grandes agasajos. Llegaba con regalos; por ejemplo, para las mujeres, "agua florida" como se les decía a los perfumes, para los niños no faltaban las golosinas y a los hombres les llevaba latas de tabaco "Caporal".
Todo era producto de sus rapiñas: robaba para él y para sus amigos, que jamás lo vendieron. Esta forma de comportarse le valió entre sus seguidores el apodo de “El bandido romántico”.
Bairoletto andaba -como vulgarmente se dice- armado hasta los dientes. Sus armas preferidas eran un revólver "Smith y Wesson" calibre 45, un revólver "Tanque" 38 largo, un "Winchester" calibre 45 y un fusil "Máuser" del mismo calibre, de fabricación alemana. De su cintura jamás se caían uno de los revólveres y un largo y filoso cuchillo. Siempre decía que sus mejores amigos eran las armas y los caballos.
Su vida delictiva se caracterizó por asaltar en los caminos y tener feroces enfrentamientos con las fuerzas del orden. No lo movía la codicia, sino una extraña rebeldía y su sed de aventuras peligrosas.
A principios de los años cuarenta se organizó una persecución dispuesta a terminar con él. Lo sorprendieron y le dieron muerte en la madrugada del 14 de septiembre de 1941 en General Alvear (Mendoza). Lo velaron en el Comité Demócrata de dicha localidad y a su funeral asistieron miles de personas llegadas desde La Pampa.
A su tumba concurren hombres y mujeres que ofrendan flores, crucifijos, placas y objetos diversos para pedirle que proteja a sus familias, trabajo, salud, amor, etc. y todavía hoy, algunos pampeanos se ufanan de que sus abuelos hayan protegido al Bandido Romántico, recordando anécdotas vinculadas a este personaje. Bairoletto fue el último "gaucho alzado", el que marcó el fin de una época. Muere en los albores de una nueva Argentina con industrias, sindicatos y vida predominantemente urbana. Tras una vida entre el heroísmo y la delincuencia, amado o combatido por distintos grupos sociales, nació la leyenda que lo inmortaliza por siempre.





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