Cabeza
Buenos Días -  


ACADEMIA LEMOS - 60 palabras por minuto


Se iniciaron con dos máquinas. Al año alcanzaron las siete, y en 1968 contaban ya con sesenta máquinas. Tres salones, cuarenta sucursales: veinticinco en los distintos barrios, catorce en el interior de la provincia y una en la ciudad de Alberdi, república del Paraguay.

Escuchar hablar a don Miguel Ángel Lemos –más conocido por su apodo de don Mañito– sobre los viejos tiempos, resultó ser toda una interesante y provechosa clase de historia cultural y social de Formosa.
Durante sus primeros años, por 1950, don Mañito vivió en la casa de la calle Córdoba y Saavedra, detrás del Distrito Militar, cerca de lo que se conocía como el Escuadrón Bajo Paraguay de Gendarmería Nacional.
En el año 1934 ingresó a la Escuela Nº 19, que funcionaba en lo que hoy es la Seccional Segunda de la Policía, ubicada en 25 de Mayo y Libertad, su director era Edmundo Strien y su maestra fue Sira Nora de Godoy, esposa del conocido periodista Argentino Godoy.
En 1942 terminó la primaria en la Escuela Nº 58. En aquella época no existía el secundario y por esta razón continuo estudiando en la escuela nocturna de Artes y Oficios, la carrera de radio operador, mientras por la mañana trabajaba en la librería Tournemine y Anchea, ubicada en la calle España y Belgrano, donde hoy está la farmacia Sáenz Peña. Este Instituto, (la escuela de Artes y Oficios) estaba situada en la esquina de San Martín y José María Uriburu, lugar donde también estuvieron la Escuela Industrial, el Instituto Universitario de Formosa y el Centro Polivalente de Arte.
Cuando era joven solía jugar a la pelota, en los baldíos de la calle Rivadavia y Saavedra –hasta hace poco años atrás se encontraba en este lugar la famosa ferretería Claudio Calviño. “Muchas veces tuvimos que correr de las atropelladas del famoso Sargento Barraza”, policía ejemplar que cuidaba a los menores, porque en aquella época, a partir de las 22 estaba prohibida la circulación de estos.
“Otro de los paseos era la llegada del tren que venía del interior de la provincia la estación del ferrocarril ubicada actualmente San Martín y 25 de Mayo, donde funciona hoy una sección de la Municipalidad de Formosa, y principalmente las llegadas de los barcos, desde Buenos Aires hacia Asunción del Paraguay, algunos conocidos como Ciudad de Corrientes, Ciudad de Asunción y Anita G.”, comentó con una sonrisa cómplice al recordar las inolvidables travesuras de su niñez.
Más recuerdos vienen a su memoria: “En estos tiempos, existía la policía montada, que hacía las rondas nocturnas y se comunicaba tocando un silbato metálico”.
A los 14 años, después del incendio de la librería Tournemine y Anchea, en la esquina de Belgrano y España, entró a trabajar como cadete, encargado y cobrador, en el nuevo edificio cerca de la panadería Medina, donde hoy se encuentra la Torre Incone, calle España Nº 56.
En 1954, el propietario del cine Savoia, ubicado en la avenida 25 de Mayo entre Moreno y Deán Funes –hoy el Cine Italia–, don Carlos Facioti, anuncio que realizaría un raid en su coche hasta la ciudad de Buenos Aires con la previa autorización del gobernador de Territorios Nacionales, Coronel (R) Arturo Iglesias Paiz, para llevar el petitorio para la Provincialización de Formosa. En ese entonces, Mañito ya era administrativo de la Secretaría Privada, a la cual ingresó en el año 1950, y recuerda que en todas las notas que llevaban para presentar debían inscribir la consigna “Año del Libertador General San Martín” .

Nace la academia

En 1949, después del servicio militar obligatorio en la base de aeronáutica en Reconquista, provincia de Santa Fe, volvió a Formosa como un experimentado en el arte de la mecanografía.
Escribía en ese entonces con dos dedos, es decir que realizaba la antigua práctica del picoteo de teclas. En sus intentos por perfeccionarse estudió dactilografía en la casa de Julio Alberto Pereira, ubicada en Juan José Silva 36.
Sólo tenía cuatro máquinas de escribir en el lugar donde conoció a su esposa, Yolanda Pilar Brunelli. Su padre le compró una máquina de escribir Wellington en el comercio de Raúl José Nasti, en España y Rivadavia, en el mismo lugar donde hoy funciona una farmacia.
El 6 de octubre de 1950, a los 16 años, su pareja, Yolanda Pilar Brunelli, comenzó con la enseñanza de este oficio. Luego de tres años se casaron e instalaron la Academia en Rivadavia 279, pero el 6 de septiembre de 1961, ya con habilitación municipal pasaron a su actual edificio de la calle Rivadavia Nº 355, entre calles Maipú y Juan José Silva, donde están asentados hasta ahora.
Iniciaron las actividades con dos máquinas. Al año alcanzaron las siete, y en 1968 contaban ya con sesenta máquinas, divididas en tres salones, con cuarenta sucursales, veinticinco en los distintos barrios, catorce en el interior de la provincia y una en la ciudad de Alberdi, República del Paraguay.
Posteriormente se sumaron las enseñanzas en distintas disciplinas como taquigrafía, contabilidad, inglés y la preparación de alumnos. También funcionó en un anexo de la calle Rivadavia 239 la primera escuela de defensa personal dirigida por el capitán Gayoso y el suboficial del Ejército Modesto Chávez; y el Bachillerato Acelerado para Adultos, dirigida por el Dr. Juan Carlos Lemos, abogado, profesor y 2º Comandante de Gendarmería Nacional, primo de Don Mañito. Era atendido por 25 profesores de prestigio de esta ciudad y contó con una matrícula de 622 alumnos.
La academia sufrió el impacto de los cambios tecnológicos y de la máquina de escribir tuvo que pasar a las computadoras, para satisfacer las nuevas exigencias de capacitación. “Nosotros hicimos el cambio y continuamos enseñando a esta nueva generación y también a los viejos alumnos que alguna vez tomaron clases de mecanografía”, remarcó. Pero a pesar del cambio la dactilografía sigue siendo tan importante como antes, por esta razón en sus aulas todavía se encuentran las máquinas de escribir Olivetti Lexikon 80, entre otras.
Desde 1994 el director de la Academia es Miguel Ángel Lemos, hijo. El 6 de setiembre del 2000 festejaron los 50 años ininterrumpidos de trabajo en familia y orgullosos señalan que por sus aulas pasaron y se recibieron más de 30 mil alumnos, lo que posibilitó que muchos de ellos no sólo consiguieran mejores trabajos, sino que además ocuparan importantes cargos, tanto en el sector público como privado.
En la actualidad, y pese a sobrepasar por distintos problemas de salud, con cinco nietos, todavía se lo puede ver a don Mañito surcar las aulas de su academia, corrigiendo, dando clases y no escatimando la oportunidad de hablar y dar lecciones sobre el comportamiento humano y las buenas costumbres. Todo esto bajo el atento control de su compañera Yolanda, encargada de observar cada detalle que ocurre en la Academia.
Como siempre dice Don Mañito: “los buenos modales y las buenas costumbres nunca pasan de moda”, todo lo contrario.

Publicado en Guía Amarilla de Formosa revista, abril de 2006.





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