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MITOS GUARANÍES - Duendes ¿Enemigos o protectores?


Como todo pueblo primitivo, el guaraní, tiene su mitología aún vigente con muchas historias, puras algunas y modificadas otras, debido al natural proceso del tiempo, evolución y deformaciones inevitables causadas en parte por la transmisión oral y también por la intromisión de los evangelizadores que llegaron con los primeros europeos al área guaranítica Americana (en el siglo XV).
Hasta entonces, no existía en la creencia de los indígenas el mal en el sentido que le daban los conquistadores, representado por el Diablo y opuesto al Dios cristiano.
Pueblo de aguda sensibilidad, el guaraní tenía profundos y definidos sentimientos respecto a Dios y el espíritu del mal. Dios, la Luna, el Sol, es decir: Ara, Tupa, Yasí y Kuarasí o Kurahí; en la mayoría de los casos pertenecían a metamorfosis de espíritus divinos, dioses del olimpo guaraní.
Dentro de estas apariciones estarían incluidos todos los yáras y aves misteriosas que por siglos mortificaron a nuestros indígenas, agregados al temor que despertaba en ellos la presencia no deseada de Aña (Dios del mal) y su corte de ayudantes que no tenían manifestación visible.
Gran parte de ellos tuvieron una vida fugaz y ya desaparecieron, otros están en plena decadencia y no pocos tratan de permanecer vigentes a pesar de los cambios que fueron sometidos por la cultura etnofolklórica de raíz guaranítica. Entre estos personajes diabólicos con forma humana están el Pombero, el Kurupí y el Yasy-Yateré, mitos milenarios de los que surgirán con posterioridad otros personajes tan indeseables y malos como ellos.

El Pombero

El Pombero es uno de los genios de la naturaleza más difundidos en la región guaranítica. También ha variado diversificándose la creencia popular que lo explica y la concibe. La más antigua noticia que tenemos del Pombero es la del genio protector de los pájaros en la selva, que se presentaba a los niños cazadores como un hombre muy alto y delgado.
Las versiones modernas, en general, lo dan como a un hombre bajo y retacón que puede perjudicar, pero que puede hacerse amigo de los campesinos que le ofrecen tabaco y algún alimento, y en ese caso les hace grandes servicios.
Es común a la tradición popular del Paraguay. Su nombre guaraní es Cuarahú-Yara; la traducción de este nombre es Dueño del Sol, común en la Argentina, como sinónimo de Pombero.
En la sociedad paraguaya y guaraní, el Pombero tiene una significación mayor: él es el responsable del nacimiento de los niños extramatrimoniales, visto desde el lado “occidental”. El relato de cualquier lugareño es que el Pombero llega de noche a la casa donde existen mujeres solas, y que si ellas no les dan un cigarrillo y un poco de vino, con sólo tocarles el vientre las embarazan. Es por eso que en una canción popular, como es María va, se dice: “Temor Pombero, cual madre espero”.
Lo cierto es que además, dicho mito, sigue en este año 2000, existiendo y no sólo entre la gente sin estudios, sino incluso entre estudiantes universitarios.
Real o no, a medida que uno se adentra en el folklore nativo se descubre que el Pombero tiene una presencia casi tan importante como el Espíritu Santo dentro de la mitología católica.

El Kurupí

El Kurupí es llamado también Coropio, Jurupári, Curipári, Teguaigba, Temotí, Taubimáma, Kaa-póra, Kahipóra y Kurupíra.
Su aspecto es el de un indio pequeño, de no más 80 cm de altura; el macho tiene un pene extraordinario, tan largo que da una vuelta por la cintura; la hembra tiene el sexo en forma de T. Sus pies están vueltos hacia atrás y aparentemente, según algunas versiones, no tiene articulaciones óseas, y sus ojos son azules o verdes, rematados por grandes orejas
Aparece para castigar a todo aquel que daña inútilmente los árboles; desorientándolo para dejarlo sin posibilidad de volver a su casa. Persigue a las mujeres que van al bosque en busca de leña, y ellas, con sólo mirarlo, pierden la razón para el resto de sus días. El Kurupí, al caer la tarde llora a orillas de los montes, y para evitar las molestias que les pueda acarrear este duende, los lugareños dan un corte al tronco del árbol llamado Kurupí Kahí, para, que el duende acuda a beber el líquido lechoso que segrega y calmar de esa manera el molesto e interminable llanto.

El Yashí- Yateré

Algunos investigadores afirman que el Yashí Yateré es una variante del Kurupí. Es un indiecito silbador, de cabellos rubios o rojizos. Se convierte en pájaro Tincuan ó Guyrá Payé (pájaro hechicero), tiene una sola pata y canta “Yashí taperé che pirá sieté”. En Brasil hay un duende de estas características, a quien lo conocen como Semfín o Sacín.
Se les aparece a los niños enfermándolos de epilepsia y una vez que mueren les chupa el alma y toma su cuerpo para sus futuras correrías, vagando por las orillas de los riachos y esteros y montes para engañar a los distraídos viajeros.





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